Serie Disney y la Psicología: I. El Rey León

corrección: conozco a tu padre

Rafiki en El Rey León

Espero que hayas visto el Rey León, si no, es mejor que dejes de leer esto, te reserves un par de horas esta semana y la veas, pues este artículo contiene spoilers.. Tuve ocasión de verla una vez más durante las vacaciones de Navidad, y, una vez más, me sumergí en el mundo africano y en el ciclo sin fin (“circle of life” en la versión en inglés). El caso es que me he quedado maravillado ante el ejercicio de filosofía que encierran las historias que, en principio, son consideradas “para niños”. Recuerdo al mundo en general (sobre todo a sus versiones más alteradas) que lo que cuento aquí no es mi opinión sobre la vida, o cómo deben ser las cosas, si no lo que observo que Disney ha tratado de plasmar en la historia (a mi juicio). Veamos:

Simba es el hijo del rey Mufasa, y como casi todos los niños, posee un alto grado de inconsciencia sobre la vida adulta, las responsabilidades, etc. Mufasa cumple su labor de padre y trata de enseñarle al pequeño león y futuro rey, los valores más importantes que debe cumplir: obediencia a sus mayores, responsabilidad, honestidad, etc. El caso es que Simba, en su proceso de aprendizaje, comete bastantes errores (se interna en el territorio de las hienas y se ve en peligro, por lo que Mufasa tiene que intervenir por miedo a que su hijo sea dañado, mostrando una clara decepción por el comportamiento de Simba). No nos meteremos en la historia concreta, pero digamos que, Scarr (representante del Mal en todo su esplendor), tío de Simba, lo engaña, y Mufasa muere tratando de salvar a su hijo (lo consigue finalmente). Toca llorar a tope mientras Simba trata de que su padre (ya muerto) le abrace. Scarr convence al pequeño león de que no puede regresar con su manada, pues todos lo van a culpar de la muerte de Mufasa, así que Simba se marcha al exilio, triste y desolado. Aquí empieza lo bueno. Simba se encuentra con dos personajes, Timón y Pumba, que representan sin duda un planteamiento filosófico que todos conocemos y que se resume en dos palabras: Hakuna Matata. Vive y sé feliz. Ningún problema debe hacerte sufrir. Supone un planteamiento hedonista: vive sin preocupaciones, ocúpate sólo de los placeres de la vida, huye de las responsabilidades y de las ataduras. Come lo que la vida te ofrezca (esto ya nos lo enseñaba Baloo en El Libro de la Selva) y no pienses mucho en el futuro. Timón y Pumba representan, sin lugar a dudas, una visión optimista de la vida, poco realista o ingenua, si queremos, propia de la juventud, pero que ha tenido gran número de adeptos en la historia de la humanidad. Los dos amigos de Simba plantean también el disfrute por lo sencillo, lo básico, y la aceptación de todo el mundo, sea cual sea su origen o su historia previa.

timón y pumba
Timón y Pumba gozando de la filosofía “Hakuna Matata”

Simba se adapta rápidamente a esta nueva filosofía de vida, y la historia nos enseña como es feliz con sus dos nuevos amigos y crece, hasta hacerse un joven león despreocupado y comedor de insectos. Hasta aquí todo perfecto. Sin embargo, mirando las estrellas durante la noche, Simba recuerda las historias de su padre, y siente algo así como una punzada de remordimiento. En esta secuencia y las siguientes con Rafiki, se nos trata de ejemplificar algo mucho más profundo: el vacío existencial provocado por una vida sin propósito. Todos somos alguien, y debemos encontrar nuestro destino, mayor que nosotros mismos, aunque nos suponga renunciar a determinadas comodidades o placeres (de hecho, el concepto de sacrificio a los dioses puede ser contemplado desde esta perspectiva: renunciar a algo por un bien mayor). ¿Y quién, según Disney, le recuerda a Simba sus responsabilidades y su lugar en el mundo? Pues como no: La chica. Nala, la leona con la que Simba jugaba cuando era un cachorro aparece y le recuerda quién es, cuál es su responsabilidad y su lugar en la vida. La metáfora es clara: en la vida, la mujer se encarga de recordarle al joven despreocupado y vividor su cometido como hombre. Es más, le dice claramente, con otras palabras: “si quieres estar conmigo, cumple con tu deber como hombre (en este caso, rey). Ocúpate de los tuyos, arregla lo que tienes que arreglar con tu tío, asume tus responsabilidades. Si me demuestras que eres responsable, podremos estar juntos, hacer el amor y tener hijos. Si no, ya te puedes buscar a otra felina”. Muy heteropatriarcal todo.  Simba se enfrenta a las preguntas a las que todos nos hemos enfrentado alguna vez: ¿es preferible vivir sin obligaciones y buscando el placer constante? ¿acaso es posible? ¿merece la pena renunciar a esa vida despreocupada a cambio de ser rey (adulto), con todo los problemas que ello conlleva? ¿Es posible combinar ambas perspectivas?

En el filme, Simba se enfrenta a su tío, asume plenamente sus responsabilidades a pesar de los miedos y riesgos que conlleva y se convierte en rey (adulto de pleno derecho). Nala y él se casan, tienen un leoncito y el ciclo sin fin comienza de nuevo, lo que quiere decir que se adapta plenamente al papel que la sociedad y la naturaleza le tenían reservado. Me gustaría destacar que Simba se lleva con él a sus dos amigos Timón y Pumba y les permite vivir con la manada (probablemente en un intento de no perder del todo el espíritu hakuna matata).

scarr
Scar a tope de maldad.

Cada una de las historias que contamos contienen una verdad o situación que nos planteamos en nuestras vidas. El dilema que plantea la película es la dicotomía eterna a la que se enfrenta el ser humano: por un lado, entender que la vida es dolorosa y cruel, que somos mortales, y tratar de escapar de esa tremenda revelación mediante la búsqueda del placer y la evitación del dolor. Por otra parte, la creencia de que nuestros actos tienen un eco en la eternidad, que merece la pena sacrificarse por una causa mayor que nosotros y que da sentido a nuestras vidas: la familia, nuestro destino social, los demás, etc., a pesar del sufrimiento y la renuncia que supone.

Por si acaso: !Hakuna Matata!

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