A Chuck no le da miedo el virus

Algunas personas me escriben y llaman en los últimos días para decirme que en realidad el coronavirus no es peligroso, que no existe peligro real. También me han llamado para comentarme que esto es un invento del Club Bilderberg, o de laboratorios malvados. Ni idea, nunca he sido de teorías de la conspiración. Pero sé, por experiencia y por formación, que esas personas (y todos) niegan (negamos) información que contradice abiertamente esas creencias, y las mantienen a pesar de las noticias, los vídeos y la opinión de los expertos.

¿Qué ocurre?

En Psicología Social, este fenómeno es largamente conocido, se llama Disonancia Cognitiva, y fue enunciado por León Festinger allá por el final de los años 50 del siglo XX.

Lo que encontró Festinger es que no podemos mantener en nuestra mente dos pensamientos (o cogniciones) disonantes en nuestra cabeza, porque genera malestar. Por ello, terminamos por desechar una de los dos ideas. Esto ocurre a la hora de votar a un partido político, cuando nos compramos un helado, o, incluso, al elegir pareja. 

Lo que encontró Festinger es que no podemos mantener en nuestra mente dos pensamientos (o cogniciones) disonantes en nuestra cabeza, porque genera malestar

Lo normal sería pensar que nuestra forma de ver el mundo moldea nuestras acciones. Sin embargo, desde hace años la psicología ha demostrado que, en muchas ocasiones, ocurre justo al revés. Lo que hacemos, cambia nuestra forma de ver el mundo. O dicho en términos de la Teoría de la Autopercepción de Bem: “Los individuos deducen sus actitudes, creencias, emociones y otros estados internos parcialmente de la observación de su comportamiento y las circunstancias en las que su comportamiento ocurre“. Leído así, a lo mejor nos cuesta entenderlo bien. Veámoslo con un ejemplo.

Pensemos en una persona que contraviene el confinamiento a menudo. Si le preguntamos, es posible que nos diga que lo hace porque no cree que sea realmente peligroso hacerlo. Podría parecer que ese es el motivo por el que lo hace, piensa que no es peligroso hacerlo, entonces sale a la calle. Sin embargo, puede que esté ocurriendo justo lo contrario. Metámonos, por unos minutos, en su mente. 

En la mente de nuestro ejemplo, coexisten dos ideas que, juntas, pueden llevar a la persona a sentir malestar:

COGNICIÓN 1: EL VIRUS ES PELIGROSO, SALIR PONE EN PELIGRO A LOS DEMÁS Y ES INSOLIDARIO.

COGNICIÓN 2: YO (QUE ME CONSIDERO UNA PERSONA SOLIDARIA), SALGO, LUEGO ESTOY HACIENDO ALGO QUE PONE EN PELIGRO A LOS DEMÁS Y SOY INSOLIDARIO.

Mantener ambas cogniciones me genera malestar y un choque con mi autoimagen (que siempre intento que sea positiva). Mi conducta (cognición 2), si mantengo la cognición 1, supone afirmar que no soy solidario, o que hago cosas que están mal. En lugar de dejar de salir, cosa que llevo haciendo un tiempo, la persona puede optar por cambiar la cognición 1. Esto hace que la conducta deje de ser peligrosa para mi autoimagen y pase a ser coherente . Por ejemplo, la cosa podría quedar como sigue:

NUEVA COGNICIÓN (pensamiento): EL VIRUS NO ES TAN PELIGROSO, EN REALIDAD EL GOBIERNO EXAGERA, NO HAY TANTOS CASOS QUE JUSTIFIQUEN QUE NO SALGAMOS.

POR TANTO: YO NO ESTOY PONIENDO A NADIE EN RIESGO CUANDO SALGO. ASÍ QUE NO SOY INSOLIDARIO (mi conducta pasa a ser coherente, se mantiene la autoimagen positiva y se sigue saliendo).

Otro ejemplo, sería:

NUEVA COGNICIÓN (pensamiento): ESTO ES UN INVENTO DE LOS PODEROSOS PARA UTILIZARNOS. YO NO ME DEJO UTILIZAR.

POR TANTO: YO NO ESTOY PONIENDO A NADIE EN RIESGO CUANDO SALGO. EN REALIDAD NO EXISTE RIESGO. NO SOY INSOLIDARIO (mi conducta pasa a ser coherente, se mantiene la autoimagen positiva, incluso se potencia con ideas de ser distinto o especial, y se sigue saliendo).

Estudios sobre este sesgo nos dicen que las personas más inteligentes e informadas, son más proclives a estar sesgadas

A partir de aquí, comienza a actuar otra fuerza psicológica poderosa, llamada SESGO DE CONFIRMACIÓN. Es un esfuerzo inconsciente de confirmar nuestra forma de pensar (nos ocurre  todos). No prestamos atención a los datos que van en contra de nuestra manera de ver una situación, y buscamos activamente datos, opiniones de otros, etc., que la confirmen. Pero esto no es todo. 

Estudios sobre este sesgo nos dicen que las personas más inteligentes e informadas, son más proclives a estar sesgadas, y les cuesta mucho más cambiar de opinión. Este fenómeno se produce porque son capaces de encontrar más fácilmente información, datos y argumentos a favor de su forma de pensar, mientras que encuentran más fallos y contraargumentos en aquella información que desconfirma su teoría. 

Por cierto, también existe otro sesgo, llamado El efecto del Lago Obegon”, que nos hace creer que estamos por encima de la media en características como la inteligencia o la simpatía. Así que si has pensado que tú formas parte del grupo de personas más inteligentes e informadas leyendo el párrafo anterior, recuerda una verdad incómoda: tú también estás sesgado.

Quédate en casa.

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